Periodico Anarquista Agitación

ENCAPUCHADO

Por Eráklito

El 29 de marzo se conmemora en Chile el Día del Joven Combatiente, en memoria de los hermanos Vergara Toledo asesinados en dictadura. En la fecha, las organizaciones y colectivos de resistencia popular suelen dar más de un dolor de cabeza al gobierno y es en general una fecha bastante sensible para las luchas sociales y los aparatos represores.

Este año no quise quedar ausente de las manifestaciones y organicé mi propia marcha de protesta. Solitaria, silenciosa, pacífica y en el borde de la legalidad.


El plan era el siguiente: Encapucharme. Hacer mis cosas como en un día normal, pero con el rostro cubierto, a la usanza de los guerrilleros zapatistas.


La capucha la tenía. Un pasamontañas negro que compré alguna vez que me sobraban 500 pesos en el bolsillo. Y ya que soy pelotudo, pero no fanático, lo siguiente era consultar con un abogado las normativas legales que rigen al respecto. Varios legalistas me recomendaron no hacerlo. “Que no te pueden detener… pero si pueden. Te harán pasar un mal rato. Es casi ilegal”. Hasta que telefoneé a un amigo fiscal y lo apreté: “¿Es legal o no?”…


Como buen abogado le costó decir si o no sin darse vueltas y me explicó que bajo el artículo 445 podrían relacionar el encubrimiento de identidad con la intensión de cometer un robo (Como los cacos de Chespirito) o la reforma de no se qué en su artículo 85 que permite que se realice control de identidad si hay indicios de “maldad”. Otra vez… “La policía te podría hacer pasar un mal rato, pero no… no es ilegal”.

Así, el día llegó. Por un tema de turnos en el trabajo, estuve libre durante el día. Así que no tenía motivos para salir de casa. Las circunstancias se contraponían con el plan original que buscaba no salir de mi rutina, hasta que mi pareja me pidió un favor que consistía en dejar un encargo en una oficina de la comuna de Providencia. Considerando que vivo en Santiago Centro, era una ruta ideal para la marcha-experimento.


Salí de mi edificio encapuchado. Son dos cuadras al metro las que recorrí con cierto grado de ansiedad más ligado al sentimiento de pudor que a lo contestatario del atuendo. AL llegar a la estación miré desde atrás de mi máscara cada una de las cámaras de seguridad del acceso, la boletería, los torniquetes y el andén. Subí al carro casi lleno y comencé a sentir las primeras miradas. El bobo que se ríe, la señora que desconfía, el hombre de corbata indolente ante lo que ve, el adolescente pokemón con sus ojos delineados que mira a sus amigos con la risa en los labios pero que no se atreve a mover un músculo. Lo esperable.


Como lo normal en mi es caminar rápido, no reparé en la actitud que pudieran haber tomado los guardias de seguridad. Me vieron si… pero. Imaginaba que en la siguiente estación estarían los “pacos”(*) esperando para interrogarme, intentar detenerme, torturarme tal vez. Pero nada. Por más que preparaba mi discurso para el momento de enfrentar a la fuerza pública, no pasaba nada. Comencé a sentir que aquellos que reían eran más de los que imaginé al principio.


En el cambio de anden, tras mi capucha, aproveché de pegar un buen pisotón a un hombre que quiso entrar en el tren antes de que bajáramos quienes ahí descendíamos. Por tonto… toma. En una de las estaciones más concurridas de la red del metro me paseé a paso rápido, pero tranquilamente hasta llegar a la línea uno. Esta ruta lleva hacia las comunas más acomodadas de la ciudad y el cambio en el tipo de gente fue evidente. Las reacciones sin embargo seguían siendo muy parecidas… un poco más de indolencia tal vez.


Al pasar por atrás mío una mujer comenta “Uf… qué calor hace”. En ese momento reparo en que efectivamente está caluroso. ¿Será el pasamontañas de lana?


A esas alturas ya estaba seguro que varias de las personas que me vieron llegarían a sus casas comentando sobre esta peculiar vestimenta. Si en esas conversaciones “alguien” se acordaba de las luchas sociales y/o sus mártires, la meta estaba alcanzada. Pero estaba lejos aún.


Bajo en Providencia, la salida del metro desemboca en un centro comercial donde un guardia me sigue sigiloso creyendo que no me di cuenta. Apuro el paso. Estoy dispuesto a enfrentar un mal momento con carabineros pero ¿Un guardia privado? No señor… Hoy solo atiendo a la policía del estado, en su defecto a personal de inteligencia militar o transnacionales de la seguridad como la CIA.


La tendencia continúa en la calle. La mitad de la gente no se percata de mi tenida subversiva. Llego hasta mi destino. Es un edificio de varios pisos y entre el ingreso al ascensor varios guardias se percatan y comentan. Pero nadie se atreve a decirme nada. Acaso por temor. Acaso porque no estoy haciendo nada malo.


En un momento pienso que la gente debe creer que tengo algo deforme bajo la máscara y no se equivocan. Es el corazón. Deforme y contaminado por su televisión vacía, por los bailen sexistas, por la publicidad despiadada que me ha dicho desde siempre que tengo que comprar para ser como ellos quieren que sea. En mi resistencia, con los tirones, mi alma se ha desfigurado. No soy ni la sombra de lo que pude haber sido de haber crecido libre de verdad. Pero mi consuelo es que no soy tampoco lo que quisieron que fuera. Me libré a última hora cuando pasados los 25 años comencé a tomar la peligrosa actitud de pensar.


Entro, subo, cumplo con mi cometido (El paquete que entregué no era una bomba ni mucho menos), salgo y en la escalera mecánica surge lo primero realmente interesante. Una mujer me habla: “¿Por qué andas con eso, fuiste al dentista?”.


Yo que tenía mi discurso preparado dudo por un momento y cambio toda la estrategia de interlocución. “Voy a poner una bomba” digo.

Nooo… no tienes ojos de querer poner una bomba.

Es verdad, hoy no. Es mi manifestación pacífica y silenciosa para que se acuerden de los jóvenes combatientes y de los hermanos Vergara.

Si nos acordamos – dice.

No todos… esa señora –digo mientras apunto a una mujer con paquetes – está más preocupada de recordar lo que vio en televisión y que hoy se quiere comprar. Además es lo que puedo hacer, manifestarme así, yo no estoy para ir a tirar piedras.

Mmmm… puede ser. En todo caso yo creo que es peor eso de tirar piedras, produce el efecto contrario.

En eso tienes algo de razón, creo que no es el tiempo para tirar piedras, pero cuando haya que tirarlas las tiraremos. No es el tiempo para poner bombas, pero si hay que hacerlo lo haré.

Su teléfono interrumpe una interesante conversación y me quedó con el sentimiento de que me faltó mucho por decir.

Me despido con mi mano y cruzo la calle. A los pocos metros me encuentro de frente con un uniformado, yo lo veo a él primero. El paco, un lolito, se sorprende al ver a este encapuchado caminar tranquilamente por la transitada vereda y podría jurar que su pulso se acelera. Lo miró fijamente a los ojos. Casi amenazante. Y queda atrás. Espero el verde y cuando cruzo me doy cuenta que el tipo me siguió hasta la esquina, moviéndose varios metros desde su “punto fijo” que es fuera de un consulado. Picó – pienso. Pero me equivoco nuevamente.


Llego al paradero, sigo sintiendo las miradas curiosas, subo al bus lleno. Mientras recorro la ciudad rumbo al centro me percato de algo. La capucha entorpece mi visión. Para mirar un objetivo debo por lo general mover toda la cabeza. ¿Lo interesante?… con el tiempo el cuerpo se ha acostumbrado a esta deficiencia en la vista y me parece que escucho mejor. “Scths! Mira - ¿qué onda ese loco? – Combatiente – Cagao de calor”


Me he paseado por todos lados y no ha pasado gran cosa. El paco que me vio no tuve el valor ni el interés de hacer un “control de identidad” como había adelantado mi amigo abogado. La gente no se conmueve. Muchos me ven y comentarán seguro una vez que estén seguros de que no puedo escucharlos. Mis derecho a circular libremente por esta ciudad capitalista se ha cumplido. Debo estar en cientos de cámaras de seguridad pero tiendo a creer que he causado más risa y curiosidad que inquietudes reflexivas respecto a la fecha. Está todo listo y decido dar el salto final.


Me bajo en calle Estado, bajo por la Alameda, entro por Ahumada y doblo en Moneda. Me dirijo directamente al palacio de gobierno. Mi idea es atravesar (encapuchado recuerden), la Plaza de la Constitución. En un día normal ese barrio está repleto de pacos… hoy parece una guerra. Atuendos de combate, chalecos antibalas. Cascos y el fusil, seguramente con la bala pasada pienso yo. A cada policía que me pillo le disparo con mi mirada penetrando desde mis ojos sus conciencias vacías y obedientes. No entienden nada… se lee en sus ojos.


El Palacio de La Moneda está frente a mí y yo encapuchado. Adentro la gente importante que mi pueblo cree haber elegido, decide por mí. Debo reconocer que mi corazón se acelera. Un paco alto me ve y desencajado hace un ademán de ponerse a caminar hacia mí. Su compañero lo detiene con un gesto claro de indiferencia. Lo hice… estuve junto a casa de gobierno a escasos metros donde compañeros, más valientes que yo claro, lanzaron hace un par de años una bomba molotov contra una de las ventanas. Un anarquista a paso lento, con su identidad escondida tras un pasa montañas, se pasea por el corazón del aparato estatal. Estoy a dos cuadras de mi casa pero me traiciona el deseo de que mis actos trasciendan. Quiero volver a pasar por ahí, pero esta vez corriendo.


Tomo aire, miro hacia atrás y… lo pienso mejor. Tengo cuentas que pagar, en un par de horas comienza el turno en mi esclavizante trabajo y creo que tentar a un paco a ponerme un balazo tal vez no sea una buena idea.

5 Comments so far

  1. eme Mayo 26th, 2008 7:05

    Realmente notable el acto y la manera de relatarlo, cautivante de principio a fin.

  2. yo Mayo 28th, 2008 0:06

    buen relato…
    proxima ves necesitas hacerlo con mas gente, muchos apoyariamos, las protestas “diferentes” a veces prenden mas.

  3. leisure Mayo 31st, 2008 0:27

    interesantisimo
    quizas sea una buena idea juntar un par de personas y caminar encapuchados
    quizas, si es un grupo sea mas “peligroso lumpen”

  4. rossana Junio 1st, 2008 1:15

    una verdadera acción de arte y no-violenta pa mas encima
    genial me imagino toda la adrenalina que generaste .
    no creas que fue sin repercusiones acciones asi son las que se necesitan
    muy buena

  5. Luna Junio 6th, 2008 4:35

    Muy wena, me gusto caleta leerlo y me imagino lo entretenido que fue vivirlo.
    Yo creo que generaste muy diversas percusiones en la gente, partiendo porque debes tener claro que no toda la gente pondra en palabras lo que piensa, mas de alguno le habra quedado claro el mensaje.
    Na po, una forma distinta e interesante de manifestarse, asi que si te lo propones denuevo avisa..

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